Después de mucho cavilar, he llegado a la siguiente conclusión: si bien tengo en clase a veinte alumnos de cuerpo presente, a la vista de sus resultados en los últimos controles y de su quehacer diario, calculo que la mitad deben seguir con la cabeza en los Reyes Magos...
Doña Matilde colgó hace unos días las calificaciones del control de Social Science de la semana pasada, calificaciones que habréis comprobado que dejan bastante que desear. Las de Inglés no están colgadas por problemas técnicos, pero comentamos el examen ayer en clase y dejan todavía más que desear. Para más inri, los que han pinchado en uno no son los mismos que han pinchado en el otro, con lo que resulta que estamos en enero y más de la mitad de la clase se las ha apañado para catear un examen. Huelga decir lo eufórico que anda el profesorado al respecto...
Lo que tenéis aquí a la izquierda es un extracto (no modificado) de la tabla en la que voy anotando las veces que vuestros hijos vienen a clase con los deberes sin hacer (en una determinada asignatura, obviamente). Me he asegurado de que no salgan sus nombres para no herir susceptibilidades en público. Cada línea corresponde a un alumno de clase y cada cero representa un día con los deberes sin hacer. No hemos acabado enero y ya tengo a alumnos a los que he pillado tres días sin su tarea hecha. Tres días. En enero. Tras únicamente quince días de clase. ¿Cuántas marcas van a tener en marzo? ¿Diez? ¿Quince?
Supongo que no hay nadie en la sala que crea que los controles pueden salir bien cuando en el día a día ocurre esto, claro...
Tenemos un serio problema entre manos cuya solución requiere de vuestra colaboración. O conseguimos reinstaurar la cultura del esfuerzo, o la bofetada en forma de boletín de calificaciones tendrá proporciones épicas. Y ya de paso, estaría bien que redujéramos el pitorreo a niveles aceptables porque últimamente hay algunos que deben creer que están en el Club de la Comedia y no en el colegio. Que a clase vamos a pasarlo bien, sí, pero todo dentro de lo razonable. Ya me contaréis cómo narices van a enterarse de las explicaciones cuando la mitad del tiempo están ideando chascarrillos con los que competir a ver quién es el más gracioso u ocurrente, ya sea con el de al lado o con el del otro extremo de la clase. Debe ser que nos llevamos tan bien entre nosotros que no podemos esperar al cambio de profesor o al recreo para demostrar los inspirados que nos hemos levantado esa mañana, así que lo soltamos en voz alta y sin filtro para algarabía y albotoro generalizado. Maravilloso todo.
Pánico me dan los dos controles de esta semana.
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